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Estudiantes de 1er semestre,
Universidad Iberoamericana Pueblia.
Literatura y Filosofía
Lingüística I

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sábado, 7 de diciembre de 2013

Siglo XIX


El siglo XIX se distingue por el gran desarrollo de las ciencias y el rigorismo metodológico impulsado por el positivismo de August Comte.
Será a partir de este siglo que las disciplinas empíricas adquirirán el estatuto de científico das basado en un aparato lógico y una manera objetiva de observar el campo de estudio propio.
Paradigma de los nuevos estudios de ciencias naturales será la Anatomía comparada de Cuvier, publicada durante la primera década del siglo. En su obra, Cuvier elevará el proceso comparativo a la categoría de método científico, y dará paso a las primeras obras elaboradas bajo el método científico moderno, en su gran mayoría de carácter igualmente comparativo. 
El fonético y el morfológico serán los niveles lingüísticos más fácilmente comparables y más prácticos para establecer los principios de correspondencia entre las lenguas. Rask y Bopp se encargarán de elaborar este programa de correspondencia.
La aplicación comparativam derivada de los estudios indoeuropeos, se aplicará a diversos grupos lingüísticos, tales como el germánico (por J. Grimm), y el románico (por F. Dietz). Esto obligará a reajustar el método de investigación hasta entonces empleado. El comparativismo había arrojado un sinfín de datos para desarrollar una lingüística histórica fundamentada.
Será necesario establecer leyes para el desarrollo ulterior y la justificación de la lingüística como ciencia, en la nueva concepción decimonónica.
Tal comparativismo llevaría, en el estudio lingüístico, a establecer patrones de rección entre las diversas lenguas, al hallazgo de algún parentesco.
Junto al método antes mencionado, cabe destacar el descubrimiento del sánscrito y la afluente corriente de pensamiento romántico, acontecimientos de gran relevancia para el desarrollo de la lingüística. En esta época se estudiará el estrecho parentesco guardado entre el sánscrito y las lenguas griega y latina, así como el celta, el gótico, el antiguo persa, etcétera.
Indudablemente, el fenómeno comparativista pudo haberse dado aun sin el importante hallazgo del sánscrito; sin embargo, las coincidencias formales y las propiedades características comunes, facilitaron sobremanera el estudio comparativo de todas las lenguas indoeuropeas. 
Consiguientemente, la investigación lingüística habría de establecer leyes que expresaran la regularidad de sus manifestaciones, necesarias para la fundamentación de una ciencia que se basaba principalmente en la inducción.

La neogramática
Los neogramáticos, dentro de los cuales se hallaba el eslavista A. Leskien, los indoeuropeístas Brugmann y Oshoff, y el mismo F. De Saussure, agrupados hacia 1875, se identificaban con el programa histórico-comparativo, proponiéndose a la vez esclarecer, entre otras cosas, el concepto y el uso de las leyes fonéticas, así como las excepciones que podían rastrearse de dichas leyes.
Entre 1870 y 1878 se establecieron nuevas leyes fonéticas que harían susceptibles de revisión los cambios fonéticos considerados hasta entonces como excepciones, buscando una interpretación sistemática que invalidara la amenaza de no universalidad que acechaba las leyes fonéticas. 
Las leyes fonéticas establecían una sustitución estandarizada se cierto grupo consonántico del latín por una forma lingüística en alguna lengua derivada de éste.
Así, el grupo consonántico "ct" derivaría en el italiano en las consonantes "tt", en francés, en "it", y en castellano sería sustituido por el grupo consonántico "ch".
Los neogramáticos operaban por un principio de sistematicidad, rigiendo sus leyes por la necesidad sustitutiva.
Las excepciones a las leyes provendrían de la entrada de forma de una lengua (cultismos, préstamos), o bien, la analogía, que consiste en la aplicación de una ley lógica que neutraliza una ley fonética determinada (cf. la forma latina honor y honos, su primitivo uso, mutada en virtud de asimilarse a otros paradigmas lingüísticos, como amor o cultor). Es razonable la importancia que dabn los neogramáticos a la analogía, por la consistencia de que esta dotaba su sistema por demás positivista.
A finales del siglo XIX, los imponentes edificios levantados por las ciencias exactas y las naturales, se verían resquebrajar por el planteamiento de paradojas y contradicciones teóricas que evidenciarían lo endeble del aparato metodológico establecido. La denominada crisis de fundamentos de la matemática  intuyó que el problema de base era de carácter conceptual, dialectal, relacional, buscando en la lingüística una respuesta a la lógica fracturada de la ciencia finisecular.


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